Las fallas empezaron a los 52, de un día para otro.
Yo iba al gimnasio tres veces por semana, había dejado el cigarrillo hace 8 años, tomaba mi omega-3 religiosamente. Pero una noche con mi esposa, después de 27 años de matrimonio, mi cuerpo simplemente no respondió.
Pensé que era estrés. La declaración del SII estaba apretada ese trimestre. Pasaría.
No pasó.
A las dos semanas volvió a pasar. Después fue cada vez. Mi esposa, paciente al principio, empezó a dejar de iniciar. Yo empecé a dejar de intentar. El silencio en el dormitorio se volvió silencio en la mesa del desayuno.
Una noche escuché a mi esposa llorar en el baño. Pensaba que ya no me gustaba. Yo no tenía cara para explicarle que el problema era que mi cuerpo ya no respondía como antes.
Fui al urólogo. Me dijo "es normal para tu edad" y me recetó Sildenafil de 50 mg, 1 hora antes de la actividad. Así, como recetando paracetamol.
La primera pastilla funcionó. Sentí algo. Pero también sentí dolor de cabeza brutal, palpitaciones a 110, presión arterial a 165/100, visión borrosa, pecho apretado. Tres horas de actividad para 18 horas de cuerpo en alerta.
Pero "funcionaba". Entonces seguí. Dosis más altas. Viagra original cuando podía pagarla ($23.000 las 4 pastillas). Después Cialis cuando el Viagra ya no rendía. Después Levitra cuando el Cialis me daba dolor de espalda dos días.
A los 18 meses había gastado casi $670.000. Tenía un cajón con 6 marcas distintas. Y una noche, después de una pastilla, fui a urgencias por dolor en el pecho que pensé que era infarto.
Cardiograma "normal". "Es estrés", me dijeron.
Pero yo sabía la verdad. Esas pastillas me estaban matando por dentro.
Esa fue la noche que decidí que no iba a morir como esclavo de una pastilla. Llamé a una cardióloga privada. $115.000 la consulta de 90 minutos. Y lo que me dijo me cambió todo.